De la mente del escritor a la mente del lector

Artículo 6 («1428»). Hola, Queridos Lectores. Hoy publico mi segundo artículo de la sección «1428». Bienvenido.

Doce minutos después de la medianoche del 4 de marzo de 2021, me puse a reflexionar un poco en esta suerte que tienen los escritores de crear mundos inauditos con palabras comunes (en el mejor sentido de la palabra) que usan millones de personas en todo el mundo. Y esa, creo, es la riqueza misma, la belleza misma de la literatura. Fraguar un sinfín de escenas, personajes, escenarios, diálogos, sentimientos, motivos, etc., todo para el beneficio propio y, más adelante, del lector. Bien dijo Stephen King, en su libro Mientras escribo, que esto es lo más parecido a la «telepatía» (también en el sentido más noble del término). Comunicación entre mentes: la del escritor y, posteriormente, quizá muy posteriormente, la del lector.

William Shakespeare escribió su versión de Romeo y Julieta en 1597, según la Wikipedia. Pese a ser una tragedia tan manoseada —por actores, traductores, lectores, filólogos y literatos— no ha perdido ese nivel pulcro que siempre la ha caracterizado. El lenguaje, el contenido, la historia… ¡Cuántas cosas pueden decirse! Y sigue llegándonos el eco nítido de la voz de Shakespeare, como si hubiese escrito la tragedia hace solo unos días. De nuevo, comunicación entre mentes. Algo maravillosamente maravilloso.

Mentes, pero no criterios

El libro es un reflejo de la mente del escritor. ¿Es eso cierto? Cierto es, pero hay que saber juzgar hasta qué punto. El escritor usa la mente para «ver» el universo que bien puede traer al papel. ¿Y qué cosas ve nuestro escritor? Ve una sarta de personajes, un escenario, una historia —todo ello casi a través de niebla, al menos al principio—. Ve un nudo, un problema que hay que resolver, acabar o atender. Todo eso está en la mente del escritor. Ahora bien, no por ello se puede decir que solo la mente atrofiada trae consigo historias retorcidas. Hay una gran cantidad de personas cuerdas que contaron hechos atroces no porque su mente estuviera falta de un buen psiquiatra, sino porque era así como concebían la historia. En las mejores tramas, las cosas tienen lugar por algo. Cierto es que no hace falta incluir una retahíla de hechos oscuros y repudiables, un estofado sodomita, digamos. ¿Quién puede soportar tal cosa? Pero tampoco puede nuestro escritor sobreproteger sus obras. Quedarían estas ausentes de realidad, ajenas a lo que vemos en el mundo. Se verían como una especie de «alucinaciones positivistas», yo qué sé.

Me aburren esos narradores que van por ahí justificando por qué en la historia el tío se acuesta con una amante, juzgando el hecho como bueno o como malo. Es como si quisieran disculparse por haber tenido que introducir esa escena en la historia. Bueno, si la escena es necesaria, ¡enhorabuena! Pero si solo responde a un capricho morboso del escritor —porque este no es capaz de dejar por fuera aquello que le provoca excitación personal—, entonces creo que hay un problema, ya que la obra termina convirtiéndose en delatora de los propios fetiches personales del autor.

No me queda claro, pero supongo que hay autores que aman con todo el corazón los senos: lo primero que mencionan de los personajes femeninos es que tienen grandes o pequeños senos, si son pares, si están caídos… Otros quedan poseídos por el encanto del sexo y dan largas explicaciones sobre cómo, por qué y por cuánto lo hicieron, como si la buena literatura debe, por obligación, llevar su buena dosis de picante lujurioso. ¡Que todos sabemos cómo se hace, hombre! No tienes que darnos tantos detalles. Es novela, no una secuela del Kama-Sutra. Y a menos que seas un voyerista, no sé por qué ese afán de presentar lo que hacen los personajes después que cae la noche.

Hasta aquí he hablado de qué tanto nos revela un texto acerca de quien lo escribe. La mente es polifacética y casi insondable para los humanos. Muchas veces he oído a gente quejarse sobre ciertos escritores porque estos «justifican» ciertas conductas. Quizá esto se debe a lo que antes mencioné: el escritor ha introducido en su obra un montón de párrafos en los que juzga como bueno o como malo lo que narra. Es un error en el que suelen caer sobre todo quienes usan un narrador omnisciente en tercera persona. Por ejemplo:

«Gabriela tomó el celular de su marido. Casi todas las mujeres suelen tener cierta obsesión por revisar la vida íntima de su pareja, y eso no siempre está mal, pero cuando se vuelve una obsesión cruda y dura, entonces puede haber problemas».

Aquí las preguntas que se hace el lector son:

«¿Quién dice que casi todas las mujeres andan revisando el teléfono de su marido?».

«¿Por qué no siempre está mal hacer eso?».

Es obvio que el narrador se ha metido en problemas. Ha introducido un montón de juicios subjetivos, personales y hasta «moralistas», se podría decir, acerca de la acción de los personajes, como si alguien se los estuviese pidiendo. Si el marido la golpea, si la mamá mata a palos a su hijo, si los esposos se divorcian por motivos triviales…, cualquiera que sea el problema, el narrador lo expone; solo lo expone, aunque es válido que exprese cierto matiz de personalidad al hacerlo, pero esto último es un arte en sí mismo. Ah, y si lo expone, que sea porque tiene algo que ver con la trama, claro. De más está decirlo, ¿verdad? Si el marido golpea a la mujer, que sea porque la novela trata sobre una mujer que hace justicia con sus manos o algo así. Si la mamá mata a palos a su hijo, que sea porque al final esta señora mata al pobre muchacho y se fuga a Nueva York, donde la encuentran después de mucha investigación. No sé si ha quedado claro, pero me expreso como lector.

Y ese anaranjado tumor literario que está en las entrañas de Wattpad, que está conformado por pseudoescritores que solo expelen allí sus más asquerosas fantasías para hacerlas de conocimiento público, es culpable de mucha de la degeneración literaria. Pero ese es tema para otro artículo.

En resumen…,

… no todos los escritores que escriben sobre cosas malas tienen problemas mentales.

… si algo no tiene que ver con la trama, no lo metas solo para darle «picante» a tu texto. Las obras basadas en temas controvertidos, tratados sin el más mínimo decoro ni la más mínima responsabilidad, suelen irse como vinieron; son solo espuma que acaba en nada después de un simple soplo de tiempo.

¿Tú qué opinas sobre este tema? Déjame saberlo.

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