La odisea de leer escritores autopublicados

Artículo 7 («1428»). Una de las cuestiones que se plantean en la sección de preguntas frecuentes de este sitio web es «¿Lees libros de escritores autopublicados?». La respuesta, en parte, fue: «Si la pregunta implica la cuestión de si compro o no libros de escritores autopublicados, la respuesta es no. No los prefiero». Ahora bien, me gustaría hablar del tema de los escritores autopublicados y por qué no los prefiero (a pesar de que yo soy uno de ellos, cabe mencionar). Pero, antes, dejemos claro una cosa: no todos los escritores autopublicados son malos. Eso sería tan errado como decir que todos los que publican con editoriales son buenos. Ahora sí, entremos en materia.

DEMASIADO SENTIMENTALISMO

Cuando escribes para una editorial descubres que muchas de ellas no tienen compasión con lo que escribes. Son miles los escritores que, antes de que una editorial acepte su trabajo, han tenido que refinar sus escritos una y otra vez, o de plano echarlos al bote de la basura o al cajón de los manuscritos rechazados y ponerse a escribir otra cosa que quizá llame más la atención.

Uno de los problemas de los escritores autopublicados es que, como no han sido…, digamos…, «disciplinados» por una editorial y no han arrostrado la verdad de que quizá no han escrito algo apto para ser publicado, se vuelven muy sentimentalistas con su trabajo.

El poder que nos han dado muchas plataformas para gestionar nuestros propios escritos también ha contribuido a ello, pues algunos pueden creer que como tienen la oportunidad de publicar con más soltura y menos filtros que quienes son publicados por una editorial eso es licencia para ofrecer cualquier escrito que apenas se les ocurre. La mayoría no publica más que meros borradores o primeras versiones. La escritura profesional implica mucho más que publicar; implica producir, refinar, utilizar los conocimientos que hemos adquirido de las obras que leemos. ¿Y por qué no? También implica seguir los consejos que otros nos ofrecen para seguir mejorando.

Pero si eres de esos escritores que aman tanto sus trabajos que serías incapaz de cambiarles siquiera una «pe», tienes un grave problema. Las obras nunca están terminadas del todo. Cierto es que no puedes estar corrigiendo indefinidamente un trabajo, porque el cerebro se cansa, pero un buen escritor no debería bajarse de las dos o tres correcciones, como mínimo. Hay que reordenar el texto, aprender a identificar la voz pasiva y lo que funciona en el mercado de los libros. Porque sí, tu libro también es un producto como cualquier otro, y la calidad importa muchísimo.

CREENCIAS EQUIVOCADAS

«Me costó mucho escribir este libro; por eso creo que es bueno». Esfuerzo y calidad no siempre van de la mano. El arte es arte aun cuando la obra nos haya tomado dos días o dos años. Pensar que un libro es bueno porque nos tomó años escribirlo, es como juzgarlo por su portada. Los esfuerzos dan resultados —a veces, creces como personas, aprendes sobre lo que puedes y/o no puedes hacer, refinas el estilo, etc.—, pero no es garante de que tu libro tendrá calidad.

Cuando yo comencé a escribir, pensaba que todo lo que escribía era buenísimo porque me costaba mucho llegar al punto final. Con el tiempo me di cuenta de que pese a los años que había invertido el resultado no era precisamente el mejor. Eso me llevó a replantearme las cosas y a comenzar de nuevo, esta vez, haciendo las cosas diferente.

Si te cuesta muchísimo escribir un libro, es probable que se deba a tu falta de práctica. He sabido de personas a las que les cuesta escribir mil palabras por día, quinientas incluso, pero a mí suelen salirme tres mil o hasta cinco mil en días buenos. No digo esto para presumir, pues tampoco la cantidad de palabras es señal de que escribes lo mejor del mundo. El punto es que el nivel de esfuerzo que imprimimos a veces en cierta tarea puede ser un indicio de inexperiencia; se requerirán menos esfuerzos con el tiempo, pues ya tendremos un camino trazado. Escribir se convertirá en algo natural y hasta podremos desarrollar destrezas que nos permitan expresarnos de mejor modo y con mayor precisión y estilo.

«A muchas personas les ha gustado». Entre gustos no hay leyes, dicen, y es cierto. Juzgar un libro por la cantidad de personas a las que les ha gustado tampoco es el mejor modo de calcular su calidad. ¿Por qué? Porque los gustos de las personas cambian con el tiempo y, a menudo, un libro que era muy popular hace un tiempo es rechazado y repudiado hoy. Por eso existen los clásicos, esos libros que nos gustaron la primera vez y siguen gustándonos hasta la actualidad. Son libros que superan la barrera del tiempo y los cambios del lector. Pues todo lector cambia, ¿sabías? Cuando yo tenía 14 años, Paulo Coelho era poco menos que un maestro para mí, pero hubo libros que expandieron mucho más mis horizontes y dejaron a Coelho en un puesto muy reducido o hasta inexistente entre mis gustos. No hay nada de malo en ello. Pero recalco: si a muchas personas les gusta tu libro hoy, hay que ver si seguirá gustándoles mañana.

Un libro puede causar una buena impresión en una primera lectura, pero quizá al releerlo encontremos cosas que ya no nos parecen del todo bien, sobre todo si entre la primera lectura y la relectura ha habido otros libros de por medio. ¿Por qué sucede esto? Porque los libros transforman nuestra forma de ver los asuntos, moldean nuestros gustos, equilibran nuestros criterios y nos permiten colocar las obras que hemos leído en su correspondiente lugar.

Además, tenemos que pensar en que hay lectores de todo tipo y de todos los gustos. A Arturo Pérez-Reverte no le gustan los libros de Stephen King, pero a Carlos Ruiz Zafón sí le gustaban. Hubo, en su momento, personas que despreciaron a Jorge Luis Borges y lo consideraron un mediocre. Hoy día nadie que tenga tres dedos de frente se atrevería a cuestionar al gran Borges. Así que nada nos asegura que tu libro es bueno porque gusta, como nada asegura que un libro es malo porque no gusta. Es una forma muy vaga de calcular la calidad.

«No necesito ser lector para ser escritor». De las razones por las que menos me gustan los libros de escritores autopublicados. Muchos de ellos piensan que leer no es lo suyo, que lo suyo es escribir libre y abiertamente. Debido a ello se saltan todas las tradiciones literarias, las normas del buen hacer, los criterios esenciales… Producen desastres horripilantes: libros llenos de errores gramaticales, ortográficos, de estilo y de forma. Lo peor: pretenden que uno dé dinero por esas cosas.

(A propósito, tengo otro artículo en el que hablo más sobre este tema: «Escritores que no aman ni el lenguaje ni la literatura»).

Ahora, he aquí la fusión de lo anterior: muchos escritores creen que el esfuerzo es lo que cuenta y que si a muchos amigos les gustó es que debe ser bueno. Me parece excelente que publiquen sus trabajos y que sigan esforzándose y manteniendo la motivación. Pero no pienso dar dinero por ellos hasta que su calidad haya sido probada. ¿Qué es calidad para mí? Que sea literatura. Que cuente una buena historia. Que esté escrito como debe ser. Que tenga algo interesante que me ayude a pensar, a reflexionar, a expandir mis horizontes. Que diga algo nuevo.

Más adelante pienso escribir un artículo sobre lo que yo considero que es un buen libro. Déjame en los comentarios tu opinión, si te gustaría que escribiera algo al respecto.

MI DINERO NO ES ILIMITADO

La otra razón por la que no leo a escritores autopublicados es que mi dinero no es ilimitado. Mes a mes tengo que sostenerme con lo que gano, así que me da mucho miedo pagar por un libro del que luego me puedo arrepentir. Esto ocurre sobre todo en el terreno de la autopublicación, por lo que me voy con mucho más cuidado.

De todas formas, las grandes obras que no puedo perderme no pertenecen al terreno de la literatura independiente, sino a aquellas que todos conocemos y podemos ordenar por Amazon, por Buscalibre, por Linio o conseguir en cualquier librería de nuestra localidad. Por esos libros doy mi dinero, con los ojos cerrados, incluso. No temo pagar por una obra de William Shakespeare, G. K. Chesterton, Stephen King, Jorge Luis Borges, John Grisham o Ken Follett.

MUCHOS NO SABEN ACEPTAR LAS CRÍTICAS

Algunos escritores autopublicados son bastante quisquillosos y se ofenden con facilidad cuando no te gusta lo que escriben e intentas dar tu opinión al respecto. De eso tiene mucha experiencia Ángela Arcade, del canal de YouTube «Arcade’s Books». Así que yo veo sus barbas arder y pongo las mías en remojo. No quiero problemas.

Otro motivo: los seguidores de esos escritores. Algunos son demasiado irrespetuosos y son capaces de ofender a quienes descalifican a sus «ídolos». Cualquiera diría que vivimos en una época de democracia y libertad de expresión y pensamiento, pero cuando dices que Javier Ruescas escribe supermal, desde tu punto de vista, y que no te gusta para nada pasarán apenas minutos para que venga alguien a llamarte «gilipollas», «malparido» o use todos los improperios que sea capaz de recordar.

Otro motivo: la familia de esos escritores. Papás, mamás, abuelos, tíos, primos, novios, novias y toda una generación de mascotas puede venirse en tu contra si te atreves a decir algo malo de esos escritores autopublicados. La cosa es que muchos de ellos son jovencitos que no pasan de los 23 años de edad; algunos son muy mimados y toda la cosa, así que a papá y a mamá no les gustará que digas nada malo del trabajo de su tesorito.

Debido a todo lo anterior, si tengo que callar una mala reseña de algún libro autopublicado por temor a que el autor pueda ofenderse, o por pensar que tal vez mi reseña afecte sus ventas, prefiero no leerlo y mantener la boca cerrada. El escritor seguirá en su mundo de colores y no seré yo quien se lo arruine. Prefiero opinar de los que ya tienen al toro agarrado por los cuernos —aquellos a los que no les afectará para nada lo que yo pueda decir de ellos y sus libros—, o hablar solo de los clásicos, de los escritores más grandes ya fallecidos. Dudo mucho que Tabitha King venga a insultarme si digo que algún libro de su esposo no me gustó para nada. Son pajarerías. Mis opiniones no afectan en nada al bolsillo de King.

MI EXPERIENCIA LEYENDO AUTOPUBLICADOS

Empecemos con Wattpad, sin quemar a nadie, por supuesto. La razón por la que terminé descatalogando mis publicaciones en dicha plataforma fue que hay mucha puerilidad allí, mucha falta de compromiso real con lo que se está haciendo, y la verdad es que yo no soy de los que publican todo cuanto se les ocurre. Como dije, eso no es en sí sinónimo de calidad, pero vaya que sí es sinónimo de compromiso. Además, me desagradó la fama que ha venido cogiendo la plataforma. Sé que infinidad de lectores no frecuentan Wattpad para leer con seriedad, así que no quise ser ignorado, mucho menos negociar votos ni ser estimado por la cantidad de lecturas y todo ese rollo.

Me retiré de la plataforma a finales de 2020 y hasta ahora no pienso volver a ella. Espero que recupere un poco su buena reputación y que mejoren algunos desperfectos que, a mi juicio, la hacen poco merecedora de dinero.

Tampoco me gustó el hecho de que algunos autores se la pasaran resubiendo contenido después de que yo había terminado de leer el libro, que es otro problema de las obras autopublicadas. Terminaba de leer un libro, lo enviaba a mi lista de libros leídos y a la semana a la autora le daba por subir más contenido o hacer una reescritura de toda la obra. Al carajo con eso.

Por otro lado, están las novelitas en Amazon y AutoresEditores, la mayoría de ellas con pésima diagramación. He visto libros que han sido diagramados con una letra Times New Roman tamaño 15 y todo en negritas. Es una ridiculez pagar hasta 20 dólares por un libro que se extiende solo porque la fuente es inmensa, el interlineado demasiado abierto y el autor ni siquiera se preocupó por ponerle números a las páginas. Lo siento, pero la forma en que está fabricado el libro como producto también contribuye a la experiencia lectora.

NO SOY PERFECTO

Nada de lo anterior indica que yo soy perfecto. Pero si voy a decir algo negativo del trabajo de los demás, muchos esperarían que predicara con mi propio ejemplo, ¿no es así? Por tanto, lo que no suele gustarme de los trabajos ajenos que han sido autopublicados es todo lo que yo intento evitar en mi propio trabajo.

Con el tiempo he aprendido a ser más sincero conmigo mismo y a no idealizar lo que escribo. Confío en mi potencial y en mis intenciones —de otra manera, no tendría valor para escribir tanto como lo hago—, sin embargo, no soy de los que idealizan su trabajo o piensan que ya han alcanzado la cúspide. Si un día vienes a mi blog y dejas un comentario insultando un libro mío, con gusto aceptaré tu comentario. Quizá pensemos igual. Estamos para ayudarnos, ¿no? Así que tal vez eso que no te gusta de mi trabajo sea justo lo que yo necesito para darme cuenta de que necesito cambiar, refinar o poner más de mi parte.

Igualmente, si ves que este artículo te sirve de guía para ser mejor, aprovéchalo. Será un placer leer un comentario de tu parte en el que me indiques cuánto te ha servido este artículo. Mi amigo Jhon sabe mucho sobre diagramación y presta excelentes servicios a un costo muy accesible. Si tienes un gran libro, bien escrito, pero quieres que su diseño vaya en consonancia con la calidad del contenido, no dudes en contactarlo. Échale un vistazo a su galería de trabajos y comprueba por ti mismo que tu trabajo quedará en excelentes manos.

Creo que he dicho suficientes cosas en este artículo. Espero que te encuentres bien y sigas cuidándote. #QuédateEnCasa.

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