Sobre la mudanza de favoritos

Considero perfectamente legítimo que un lector mude de gustos cada tanto. Eso se deberá con toda seguridad a los senderos que tome en su vida lectora, si estará dispuesto o no a recorrer nuevos caminos, explorar nuevos autores y nuevos libros. Alguien podría, por ejemplo, considerar que John Grisham es su autor favorito… hasta que conoce a otro que se ajuste más a sus exigencias, cambios, circunstancias, gustos y deseos del momento. Cada autor llegará a la vida del lector de modo felicísimo o desgraciado, lo que en ningún caso significa que sea bueno o malo, solo ideal o inoportuno.

Pensemos también en la estrecha relación que hay entre la mudanza de gustos y el crecimiento de cada lector. Un chico de trece años puede sentir una atracción potentísima y grata hacia Rick Riordan o C. S. Lewis; una chica de quince tenderá a ser feliz pasando páginas de la saga de Crepúsculo o La selección, considerando que son por excelencia los mejores libros que ha leído «en la vida»; y aun cuando chico y chica hayan crecido, seguro tendrán gratos recuerdos de sus lecturas adolescentes, valorándolas como libros que les acercaron a otros de mayor nivel y disfrute. Rick Riordan, C. S. Lewis con sus Crónicas de Narnia, Stephenie Meyer y Kiera Cass serán suplantados por George R. R. Martin, Stephen King, Sarah Lark y, ¿quién más?, Agatha Christie, digamos. Es así como tendrá lugar la mudanza de gustos y favoritos.

Si el lector jamás se cierra, o mejor dicho se asienta en estos autores de forma permanente, siempre cabrá la posibilidad de que ocurra otra mudanza más adelante. Quizá el ahora hombre, que antes creyera a pie juntillas en las novelas de Rick Riordan y Stephen King, tenga en la actualidad una pasión fulgorosa por las novelas de Noah Gordon, Mika Waltari, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez o Juan Gabriel Vásquez. Y la dama, otrora la chica amante de La selección, quizá comience a frecuentar a Fiódor Dostoievski, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, sin dejar atrás a Agatha Christie con afán de relectura.

La mudanza como mecanismo para procurar el placer de la lectura

La mudanza también es posible cuando el lector se siente sobresaturado de la técnica de un escritor o de la tendencia de este a repetirse a sí mismo. O tal vez un escritor ya no responde de la misma forma a las exigencias del lector como solía hacerlo en otro tiempo. De ello hay testimonios: Jorge Luis Borges, gran amante de algunos dramaturgos contemporáneos de Cervantes, terminó eligiendo a este último con el pasar de los años porque respondía mejor a sus ya establecidos criterios; lo mismo se repite en la historia de Mario Vargas Llosa con las novelas de Jean-Paul Sartre, pues cuando aquel quiso releer las novelas de este descubrió que habían perdido la fuerza de su momento. Suele ocurrir, cómo no.

En nuestra vida lectora, tendremos ocasión de mudar también momentáneamente. Una especie de «ya vuelvo». Algunos lectores han descubierto que ello les permite gozar de la rica variedad de autores. Aconsejan, además, que no se lean dos libros seguidos de un mismo autor. No dos de Carlos Ruiz Zafón uno detrás de otro. No dos de Jack London uno detrás de otro. Mejor uno de aquel y uno de este, intercalados, para que el «efecto Zafón» no sature la mente y la agote por tener suficiencia de él. En contraposición, hay lectores que sientan sus lecturas en un solo autor durante largas temporadas sin el menor atisbo de incomodidad o indigestión mental. Son capaces de abarcar En busca del tiempo perdido sin cambiar de autor ni una sola vez entre ninguno de los volúmenes. Loable capacidad, tan loable como la de quien alterna. Estos dos grupos, que manejan sus lecturas siempre en beneficio de su buena salud lectora, son dignos de encomio y lo hacen bien a su forma, pues procuran lo que mejor les conviene para no abandonar los libros y ser felices con ellos. Tanto si mudan como si no, tienen puntos a favor —la misma cantidad—, y recibirán beneficios al aplicar sus métodos sin dejar que otros influyan en estos.

Otra razón para cambiar

Por último, y no menos importante, está la mudanza que obedece a razones económicas. ¿Sorprendido? No deberías. La verdad es que muy pocos lectores en el mundo tienen la oportunidad de adquirir la bibliografía entera de un autor prolífico como Brandon Sanderson, Arturo Pérez-Reverte, William Faulkner o Benito Pérez Galdós, por lo que, mientras esperan un viento favorable que les permita hacerse con un siguiente libro de este o de aquel, se van a las librerías de viejos y compran, por menos de dos dólares, una novela de Jack Higgins, de Peter Straub o de Sidney Sheldon, que, dicho sea de paso, también ello puede auspiciar una mudanza feliz en caso de que el lector llegue a sentir que ha descubierto una perlita infravalorada.

He notado que en redes sociales los lectores suelen compartir su alegría por haber comprado a bajo precio y leído una novelita que nadie nombra. Por lo común, suelen preguntar qué otros libros ha escrito el fulano de ese. De ello se desprende que no siempre la mudanza es algo consciente ni buscado, sino una circunstancia que responde a otras más insospechadas.

Hemos hablado largamente de las mudanzas en la vida lectora. Yo he tenido mis mudanzas a través de estos años y estoy seguro de que tú también. Me encantaría saber cuáles han sido los autores que más han influido en tu vida y cuáles has dejado de frecuentar por haber encontrado a otros todavía mejores.

Con esto digo hasta la próxima y muchas gracias por leerme.

Santander, 24 de abril de 2022

3 comentarios en “Sobre la mudanza de favoritos”

  1. Hola, Daniel, te cuento que he mudado de favoritos varias veces a lo largo de estos años, y me pasa que compro muchos libros de un mismo autor y luego no los termino leyendo porque he cambiado de favoritos. Me ha fascinado su artículo, gracias por escribirlo.

  2. Hola
    Soy amante de los libros de Isabel Allende
    Estoy muy de acuerdo con lo que dices en tu post, además de decir que está genialmente escrito. Espero que sigas trabajando en estos artículos.

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